María Teresa Sampedro Zorzano

Resumen

El presente artículo versa sobre definición, los objetivos del trabajo social comunitario, elementos, fundamentos, dimensiones, ética, teoría ecosistémica, enfoque ecológico, metodología, cambio de modelo, visiones, fases, equipo y rol del/de la trabajador/a social, buenas prácticas que invitan a reflexionar sobre retos, obstáculos y conclusiones en respuesta a la pregunta propuesta en el título.

Introducción

Lo comunitario va íntimamente ligado al concepto de comunidad.

Pero … ¿Qué es una comunidad? Barreno y Robles (2014) recitando a Kruse (1997) manifiestan que la comunidad es “la unidad social cuyos miembros participan de algún rasgo, interés, elemento o función común, con conciencia de pertenencia y sentido de solidaridad y significación, situados en una determinada área geográfica en la cual la pluralidad de personas interacciona más intensamente entre sí que en otro contexto”.

De ahí, tener en cuenta la importancia de los elementos que conforman la comunidad: territorio, población, demanda y recursos (Marchioni 1999: Sesma y Girela 2013).

Las comunidades como las personas son diversas (en lo cultural, género, edad, etc.), con diferentes necesidades, mecanismos de adaptación al entorno y características que las hacen únicas. De hecho, tal y como expresa Pastor (2010) “son múltiples las comunidades e identidades que conviven y/o se interrelacionan en, desde y con el territorio” y según Rubio (2006) múltiples son las dimensiones sobre las que trabajar en un desarrollo comunitario integral (trabajo, vivienda, educación, sanidad, medioambiente, bienestar-servicios sociales, participación…).

A la hora de analizar la comunidad, es preciso ampliar la mirada no centrándonos en una única visión. Visiones que nos ayudarán a entender las demandas y necesidades de manera integral. Como así lo plantean autores como Ferrer, Álamo et al., (2017):

  1. Visión global y general de la realidad comunitaria.
  2. Visión de los sectores fundamentales (educativo, sanitario, social, cultural, etc.) siempre dentro de una visión general.
  3. Visión de la realidad de las diferentes franjas poblacionales (infancia, juventud, población adulta y mayor), ya que muchos recursos, programas, leyes, servicios funcionan en relación con estos paradigmas.
  4. Visión de temas multisectoriales.

Y entonces, tras enfocar la visión, ¿qué es lo que queremos conseguir con el trabajo comunitario?

Los objetivos del trabajo comunitario tienen una doble vertiente (Robertis 2003: Rodríguez 2013):

 a) Restaurativa (encontrar soluciones, mejorar las condiciones de vida, afirmar la dignidad …).

b) Promocional (crear lazos significativos con otros, ser partícipe en la vida colectiva, sentimiento de utilidad social…).

En la línea de lo anterior, el enfoque enfoque ecológico (Pastor, 2004: Rodríguez, 2013) habla de dos objetivos interrelacionados:

 a) Prevención e integración social con personas en situaciones de dificultad social.

b) Fortalecimiento de las competencias de la comunidad a partir de las capacidades, habilidades y oportunidades.

Este último, nos lleva al empoderamiento, formación y capacitación comunitaria.

Por su parte, la teoría ecosistémica, presenta a la comunidad como un escenario esencial en el desarrollo de los/as individuos/as y la familia donde se podría “prevenir disfunciones que arrojen factores de riesgo y vulnerabilidad en el entorno familiar” (Del Pino y Diaz, 2022).

Una vez conocida la visión y misión del trabajo social comunitario, cabe preguntarse qué condiciones tiene que haber para que pueda ser posible y bajo qué principios éticos se desarrolla el trabajo comunitario.

Fundamentos y Ética del Trabajo Social Comunitario

Estas comunidades se desenvuelven en un escenario propio, cuentan con su historia, tienen crisis, conviven diferentes subgrupos, …donde interactúan múltiples actores (administraciones, recursos técnicos y ciudadanía) en la búsqueda del bienestar común, autonomía e independencia.

Para que un proceso comunitario de cambio y transformación tenga lugar, se tienen que dar una serie de circunstancias o fundamentos. Estos fundamentos del trabajo social comunitario (Marchioni, 1999: Fernández, 2017) son:

a) El análisis compartido, conjunto de los/las profesionales y ciudadanía de causas y consecuencias colectivas de los problemas que afectan a la comunidad.

b) La planificación colaborativa (común), de diseño un plan de acción que recoja la labor técnica y las demandas ciudadanas.

c) La organización democrática: elección de representantes en los procesos de dirección y gestión.

d) El desarrollo equilibrado con atención a todas las dimensiones de manera ponderada.

e) La acción transformadora del proceso.

La ética profesional nos acompaña en la intervención. Cuenca y Román (2023) proponen cuatro principios éticos útiles en los contextos comunitarios de intervención: respeto, compromiso, empoderamiento y justicia social.

Las comunidades van cambiando a lo largo del tiempo. Los modelos de trabajo social comunitario no son una excepción.

Cambio en el Modelo de Trabajo Social Comunitario

Los modelos de trabajo social comunitario han variado a lo largo del tiempo, tal y como expresan Gimeno y Álamo (2018), se ha pasado de organizar la intervención en torno a proyectos, a identificarse colectivamente con procesos.

Si bien, ha habido una evolución dentro del trabajo social comunitario no podemos estar ajenos a la existencia de retos o desafíos dentro de lo comunitario. 

Retos del Trabajo Social Comunitario

Los retos que afronta el Trabajo Social Comunitario, según Sarasola, González y Roiz (2019) recogiendo las tesis de López (2012), son:

  • Recuperar la legitimidad de la comunidad como ámbito para la acción colectiva.
  • El desapego o ruptura del vínculo social que experimentan los ciudadanos/as.
  • La necesidad de reinvención en entornos de crisis.
  • La capacidad de crear vínculos.
  • La adaptación del Trabajo Social a las nuevas tecnologías de la comunicación y la información.

Para que este trabajo social comunitario pueda ser posible hay una serie de fases o pasos básicos en toda actuación comunitaria.

Fases del Trabajo Social Comunitario

Las circunstancias o los contextos de partida pueden ser muy diferentes a la hora de plantear propuestas de trabajo en, con y desde la comunidad yendo las intervenciones sociales desde de lo micro a lo macro (de iniciativa comunitaria, orientación o enfoque comunitario a procesos comunitarios). (Morin y Blanco, 2022).

Este trabajo comunitario cuenta con diversas fases (Rubio, 2006) que son las siguientes:

  1. Investigación (aspectos cualitativos/subjetivos de aspectos cuantitativos/objetivos).
  2. Diagnóstico participativo:

Ampliando lo anterior, según Ferrer et al., (2017) el diagnóstico supone un instrumento abierto donde hay cuatro momentos relacionados entre sí:

1) Construcción de relaciones asertivas y colaborativas.

2) Construcción participativa del conocimiento.

3) Construcción participativa de la programación.

4) Construcción participativa de la evaluación. 

  • Devolución a la comunidad a través de talleres o encuentros para compartir la misma información, para reflexionar, para aportar y proponer. 
  • Planificación o programación comunitaria: Identificación de las prioridades traducidas en áreas de intervención, estructura organizativa, metodología a seguir, actores encargados de la ejecución de cada acción, como canalizar y promover la participación de la ciudadanía.
  • Puesta en marcha del plan comunitario.

Para que todos los recursos y servicios de la comunidad (públicos o privados) puedan estar coordinados y puedan ser gestionados es necesario:

  • Crear un organigrama que articule a los distintos participantes del territorio. 
  • Constituir órganos de participación y de toma de decisiones.
  • Órganos de coordinación técnica entre los recursos y servicios encargados de implementar las medidas y actuaciones decididas en los órganos de participación.
  • Tras la puesta en marcha del Plan Comunitario, este es evaluado continuamente por parte de los órganos técnicos y de participación para corregir errores y adaptarlo a los posibles cambios que se puedan producir en el entorno.
  •  Una vez trascurrido un plazo estimado (tres-cuatro años) para la ejecución del programa comunitario es necesario un nuevo diagnóstico que refleje la nueva situación social generada por el proceso de desarrollo comunitario y qué programación es la más adecuada de cara a los siguientes años.

Todo este trabajo comunitario no sería posible sin la participación de los agentes comunitarios. Si bien todos son los agentes fundamentales, tal y como indicaba al principio, me centraré en la figura del/de la trabajador/a social (entendiendo que forma parte de un equipo).

Equipo y trabajador/a social comunitario

Ya Marchioni en 2002 exponía que el proceso comunitario requiere un trabajo profesional, constante y garantizado en el tiempo. Realizado por diferentes profesionales con diferente formación en el ámbito de las ciencias sociales (los/las profesionales del trabajo social, los/las profesionales de la psicología, los/las profesionales de la educación social, etc.).

La figura del/de la profesional del trabajo social se encuadra dentro del trabajo de un equipo multidisciplinar, como pieza necesaria de un puzle imaginario donde todas las fichas o componentes son necesarios para formar un todo.

El/la profesional del trabajo social, tiene diversos cometidos dentro del trabajo comunitario. Para Fernández (2017) uno de ellos es enseñar a la ciudadanía para que “aprendan a conocer su problemática común, a reivindicar sus derechos, a organizarse colectivamente y, finalmente, a gestionar su entorno (el barrio, la población, la comunidad)”.

Pero… ¿cómo el/la trabajador/a social puede ayudar a la comunidad? Sin ánimo de ser exhaustiva, pasaré a señalar los cometidos más habituales en diferentes ámbitos siguiendo a Pastor (2013):

  • Apoyar en la resolución de conflictos y mediación dentro de la comunidad o con agentes o instituciones externas.
  • Colaborar y coordinar diversas instituciones y entidades de los ámbitos escolar, familiar, social, político, etc.
  • Concertar y administrar de recursos, sensibilización y divulgación en medios de comunicación local, seguimiento y supervisión de grupos y redes, evaluación de las formas organizativas y sus resultados, formalización y consolidación de grupos productivos…
  • Cooperar y complementar con otros/as profesionales el diseño y ejecución de las políticas sociales en materia de acuerdo con las características sociológicas y las necesidades del entorno.
  • Desempeñar múltiples actuaciones entre ellas entrevistas, encuentros, asambleas comunitarias sectoriales o zonales, talleres comunitarios de sensibilización, movilización y solidaridad, formación en liderazgo, mediación comunitaria e intercultural, organización y dinamización de las formas organizativas colectivas (comisiones, comités, redes temáticas…) y en la creación de ayuda mutua y autoayuda.
  • Fomentar, promocionar, dinamizar la participación comunitaria.
  • Participar y apoyar de las actuaciones transversales de las políticas sociales.
  • Planificar intervención comunitaria a través de proyectos.
  • Programar en colaboración con instituciones, asociaciones, agentes sociales de la zona.
  • Prevenir, educar y promocionar, fomentar la red social de apoyo.
  • Trabajar con subgrupos y redes, con el grupo motor con apoyo técnico para organización, planificación y evaluación.
  • Usar los recursos y equipamientos sociales existentes para intervenir de forma conjunta e integral abarcando la solución a necesidades globales.

¿Y cuál es el resultado del trabajo comunitario?

Resultados exitosos de proyectos comunitarios: Buenas prácticas como elemento de innovación y soluciones creativas

Las buenas prácticas en las experiencias comunitarias, son resultado de un trabajo colectivo de los agentes comunitarios, son ejemplo de innovación y de soluciones creativas en aplicación de proyectos comunitarios como modelos en los que reflejarse. Fernández y Ejido (2014) estudiaron varias buenas prácticas y de ahí llegaron a unas conclusiones de las que se infieren los siguientes beneficios:

  1. Optimización y aprovechamiento de recursos disponibles de y para la población.
  2. Establecimiento de estrategias a largo plazo válidas.
  3. Promoción del empoderamiento teniendo en cuenta capacidades y competencias, la autonomía y la capacitación de la población a través de la formación continua formal e informal.
  4. Identificación de vínculos y redes intercomunitarias e intracomunitarias con fortalecimiento a nivel interno de cada grupo de acción y externo (al conjunto de entidades y colectivos en la red).
  5. Movilización ciudadana.
  6. Participación de todos los agentes bajo un modelo de organización horizontal, con sentimientos de pertenencia e identidad con los procesos, y una mayor responsabilidad y compromiso de las personas, la inclusión y representatividad de la ciudadanía que dota de mayor sostenibilidad en el tiempo.

Todo este trabajo comunitario conlleva un proceso de aprendizaje y continua reflexión o evaluación en pro de la mejora continua. Teniendo en cuenta que, en algunas ocasiones tendremos que superar obstáculos o revertir ciertas situaciones.

Obstáculos

En la práctica, pueden existir una serie de déficits u obstáculos que dificultan el ejercicio del trabajo comunitario. Algunos de ellos los identifica Pastor (2009) en estudios de diversas experiencias comunitarias. Sirvan como ejemplo, entre otros:

  • Insuficiente coordinación de los programas y actuaciones.
  • Solapamiento de actuaciones de profesionales, asociaciones, grupos y personas (supone reducción de la eficacia de todas ellas).
  • Escasos o insuficientes mecanismos de participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones, reducida motivación y participación ciudadana en las actuaciones comunitarias.

Atendiendo a los apartados anteriores podemos llegar a una serie de conclusiones.

Conclusiones

Estos procesos comunitarios no serían posibles sin la participación. Una participación, por otra parte, planificada en cuanto a: ritmos, lugares, criterios y selección de actores sin ser excluyentes y sin privilegiar a ciertos actores (Pastor, 2010). Sin la participación los procesos no serían viables.

El proyecto comunitario tiene que conectar con las problemáticas y las necesidades de las personas y particularidades de la comunidad, siguiendo todos los actores que operan en el territorio una línea común (Rubio, 2006). Esta línea común de intervención nace de la comunicación y del compromiso. El empowerment o empoderamiento de las comunidades hace que se usen las fortalezas y capacidades como motor del cambio usando la capacitación y la formación como herramientas para que la comunidad sea protagonista de su propio proceso.

Por ello, como refiere Rodríguez (2014) citando a Estévez, Jiménez y Musitu (2011) “las comunidades fortalecidas que saben cómo adquirir y gestionar los recursos y trabajar para el bien común o colectivo”, posibilitando respuestas creativas a los problemas desde los recursos existentes e impulsar desarrollo y crecimiento de las personas (capital social local) por medio del aumento de vínculos y permitiendo mayor acceso a los recursos.

La intervención comunitaria debe caracterizarse, por influir en los procesos y en las políticas, por la promoción de un modelo de desarrollo sostenido y duradero, orientado a introducir cambios en los procesos sociales, desde un punto de vista tanto preventivo como de inserción social (Pastor, 2013).

La capacidad de resiliencia de las comunidades las ayuda a movilizarse para poder dar solución a los problemas o necesidades que les son propias.

El trabajo en red entre agentes (administradores de recursos tanto públicos como privados en todos los niveles, técnicos-profesionales y ciudadanía) que operan en el territorio, coordinación, la comunicación y horizontalidad en las interacciones es primordial para poder tratar de manera global las necesidades de la comunidad en diferentes áreas o ámbitos y evitar la duplicidad (Pastor, 2010).

El/la trabajador/a social actúa a partir de las necesidades sentidas de la comunidad bajo un enfoque no directivo para “facilitar contextos adecuados para que las personas, grupos y comunidad puedan desarrollar sus capacidades y habilidades” para favorecer que la comunidad sea la propia protagonista de su cambio/transformación.  Cuenta con un papel capacitador y potenciador, papel de experto/a (analiza, investiga, aplica técnicas y métodos de actuación), de terapeuta social (diagnóstico y tratamiento), transformador del conflicto en un proceso socioeducativo dotando de herramientas, trabajando potencialidades, capacidades y valores (Pastor, 2004: Girela y Sesma 2013).

La evaluación continua y la reflexión potencian el descubrimiento de nuevas formas de hacer, a ello invitan las buenas prácticas. Las buenas prácticas son un ejemplo de innovación, de acción planificada, ética, con visión integral, al aprendizaje de otras formas de hacer que podemos replicar.  Siempre, siendo conscientes que podremos encontrarnos con obstáculos a los que hacer frente. 

Para finalizar

Hablamos de lo comunitario cuando realizamos un “trabajo de proximidad polivalente, centrado en el territorio sustentada en la participación y en la corresponsabilidad con recursos/equipamientos adaptados a las necesidades de cada comunidad “(Carbonero et al., 2012).  En definitiva, trabajando en, desde y para la comunidad.

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