LA VEJEZ ENTRE REJAS ¿CÓMO PASAN NUESTROS MAYORES EN PRISIÓN LOS ÚLTIMOS AÑOS DE SU VIDA?
GUILLERMO MARTÍN GÓMEZ
MARINA MONCALEANO LÓPEZ
RESUMEN
La mayoría de la población cree que el hecho de ser una persona anciana te exime de poder entrar en prisión tras haber cometido un delito, pero esto está lejos de ser real. Por ello, cuando estos dos fatores se juntan, edad y haber cometido un delito, debería existir la posibilidad de ofrecer a las personas mayores reclusas un trato digno y acorde a las necesidades especificas que presentan por su condición. Esto es algo que todavía está en proceso de lograrse, ya que no coincide con los hechos que viven estas personas dentro de los centros penitenciarios, reflejándose en que una gran mayoría de miembros del colectivo acaban en exclusión social y sin posibilidad de reinserción en la sociedad. Los centros penitenciarios no están preparados para acoger y atender a personas mayores, aumentando su riesgo de fragilidad.
PALABRAS CLAVE: Población anciana, Prisión, envejecimiento, Vulnerabilidad, Invisibilidad.
España es uno de los países con la población más envejecida de Europa, esto afecta también al entorno penitenciario, colocándonos como líderes en lo que respecta a personas mayores en prisión. Como sociedad deberíamos hacernos la pregunta de, ¿tiene realmente sentido tener a una persona de setenta años en una cárcel, sin libertad? Si uno de los principios en los centros penitenciarios es la reinserción, ¿qué reinserción va a tener una persona que los últimos años de su vida se los pasa en prisión?, ¿es esto reeducación o castigo? Estas son algunas de las cuestiones que nos han surgido tras investigar este fenómeno. Para comprender este hecho y poder hablar de ello, es necesario conocer datos reales sobre esto.
Según las cifras estadísticas recogidas en el Counfil of Europe Anual Penal Statics, actualizado a 31 de enero de 2024, en España la edad media de las personas privadas de libertad se encuentra en torno a más de 40 años, teniendo en cuenta que el porcentaje de personas mayores de 50 años es de un 19,60 %, superior al resto de Europa donde la tasa ronda en el 18 % aproximadamente. Pero esto, no es más que un reflejo de lo que se vive también en la sociedad española (Aebi & Cocco, 2025). Lo cierto es que no se puede definir exclusivamente con términos cronológicos la edad de las personas, sino que también hay que tener en cuenta la suma de las condiciones físicas, funcionales, mentales, y de salud. No es lo mismo la vida en los centros penitenciarios que en el exterior y, por tanto, no influye igual tener sesenta y cinco años dentro de este entorno, que fuera. Particularmente, en el ámbito penitenciario en España, se tiene como referencia la edad de 60 años a la hora de hablar de personas mayores o ancianas porque así se refleja en las estadísticas penitenciaras (Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, 2025) y porque la Instrucción 8/2011 del Ministerio del Interior de Atención integral a las personas mayores tiene de referencia a los/as individuos/as que, habiendo superado la edad de sesenta años, presenten pluripatologías relevantes.
Para continuar comprendiendo por qué existen personas mayores dentro de las prisiones y dejar de lado el estigma sobre que los/as ancianos/as no son enviados/as a la cárcel y que si son juzgados se les excarcela rápido, es necesario entender los tipos de delitos que han cometido y las sentencias que les son impuestas. Hay tres grupos diferenciados: en primer lugar, aquellas personas condenadas y condenados a un periodo largo de tiempo y que han envejecido en prisión cumpliendo la pena. En segundo lugar, quienes han estado entrando y saliendo por reincidencia de delitos. Por último, las personas que han ejecutado un acto delictivo por primera vez a una edad ya avanzada (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, 2009, pp. 128). En cuanto a las características de cada grupo se puede decir que los dos primeros presentan mayores problemas físicos y psíquicos por su larga estancia en los centros penitenciarios exteriorizando así un envejecimiento más temprano, todo lo contrario, al último grupo ya que estos han estado más tiempo sin privación de libertad. Con relación a los delitos que más cometen estas personas, por orden de importancia y distinción de sexos, se podría decir que los hombres cometen más delitos contra la libertad sexual, salud pública y contra las personas. Sin embargo, las mujeres lo hacen contra la salud pública, el orden socioeconómico y contra las personas (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito [UNODC], 2009).
En España hay algunos estudios acerca de cómo viven las personas mayores su vida en prisión y sobre qué inconvenientes particulares se enfrentan por la condición de su edad. Casi la mitad de la población anciana penitenciaria refiere sentirse sola, debido a que carecen de contacto con sus familiares. Casi el 30 % de las personas mayores de 60 años en prisión no reciben ninguna visita y el 43 % no recibe cartas ni paquetes (Pastor-Seller & Torres-Torres, 2016). A su vez, se sienten más vulnerables de cara a tratar con el resto de los reclusos, tanto por su condición física como mental. En ocasiones sufren coacciones y manipulaciones por otros internos, con el fin de arrebatarles sus bienes (tabaco, café…). También manifiestan que no sienten sus necesidades cubiertas en lo que respecta a lo afectivo-emocional, ya que necesitan mayor cariño y atención de sus familias en la etapa vital en la que se encuentran (Huertas Alonso, 2014). Respecto a cómo obtienen dinero para sus gastos en prisión, más de la mitad de los hombres mayores reciben apoyo económico del exterior y en torno al ochenta por ciento de mujeres también. Ingresos provenientes principalmente de la familia, algo contradictorio porque se sienten poco apoyados, pero sí reciben dinero de sus seres queridos. Es importante resaltar a un 7 % de las personas mayores que antes de su entrada en prisión, ya se encontraban en situación de exclusión social, algo agravado con su ingreso (Pastor-Seller & Torres-Torres, 2016).
Si se tiene de referencia otros estudios de diferentes países, como por ejemplos de Estados Unidos, donde se comparan las condiciones geriátricas de las personas privadas de libertad con las personas que no, concluyen con que, entre los adultos encarcelados con un promedio de edad de 59 años, prevalecen enfermedades geriátricas similares a adultos de 75 años o más, que no lo están (Molina, 2024, p. 758).Esto demuestra que a las personas mayores el hecho de encontrarse en prisión les supone un mayor riesgo de enfermedades y, por tanto, de sufrimiento. Lo que lleva a la pregunta inicial de la investigación, ¿se consigue con este tipo de población una verdadera reinserción o es un castigo que encima les provoca mayores complicaciones de salud? Pues bien, no existe una respuesta clara para ello, pero las cifras parecen indicar lo segundo.
De cara a trabajar con los internos como trabajadores/as sociales es de vital importancia tener en cuenta las necesidades particulares que presentan este grupo de personas. Al no tener un programa especifico de tratamiento, es complicado llevar a cabo una intervención donde se realicen actividades especificas dirigidas a la consecución de la reeducación y reinserción social de los penados (LOGP, art. 59). Los propios reclusos mayores sienten que el hecho de encontrarse privados de libertad les somete a perder autonomía y carecer de control sobre su propia vida. Junto con esto, también manifiestan una ausencia de expectativas de cara a su futuro, debido a que la estancia en prisión les debilita sus relaciones sociales haciéndoles caer en un bucle de negatividad que actuara como un factor de riesgo para los internos, oprimiendo sus motivaciones a la hora de salir de allí (García, 2017).
Sin lugar a duda, se debe hacer mención especial a la desadaptación tanto social como en el medio penitenciario que sufren estas personas por la condición particular de su edad. Esta situación supone una pérdida de elementos culturales propios de ellos mismos, lo que afecta a la personalidad del interno, haciendo más difícil su tratamiento y la adaptación posterior a la vida en libertad. Asimismo, esto les hace encontrar una gran dificultad y numerosas barreras al salir de los centros penitenciarios, convirtiéndolos en un colectivo de elevada vulnerabilidad y, por ende, mayor riesgo de exclusión social. Por esto mismo, es común que, tras su paso por prisión y posterior libertad, se conviertan en personas sin hogar, aisladas y marginadas.
Igualmente, respecto al papel del/de la trabajador/a social dentro de prisión, se considera que no están lo suficientemente especializados, ni ellos ni el resto de los y las profesionales, para tratar a los internos, a diferencia de otros centros como puede ser una residencia de mayores. Esto es un grave error, que provoca solo un perjuicio en esas personas reclusas, porque con esta situación se dificulta su reinserción y reeducación, haciendo que los internos tengan carencias tanto dentro como en su futuro en el exterior del ámbito penitenciario.
El informe PRI (Penal Reform International & Asociación para la Prevención de la Tortura, 2021) destaca la urgencia de un modelo de atención geriátrica dentro de los centros penitenciarios, en el cual se deben incluir desde evaluaciones periódicas hasta programas estructurados de actividad física, salud y prevención del deterioro cognitivo. También se advierte de la necesidad de cuidados paliativos en los centros penitenciarios, ya que muchas personas mayores fallecen sin recibir ningún tipo de apoyo que se adecue a sus necesidades y a un final de vida más digno. Esto último, choca directamente con el trato humano y digno que deben recibir todas y cada una de las personas dentro de un centro penitenciario, respecto a la dignidad propia de la persona por el hecho de serlo (Penal Reform International [PRI] & Asociación para la Prevención de la Tortura [APT], 2021). Particularmente sobre la situación de las mujeres mayores se refleja que sufren mayor vulnerabilidad a causa del género, mayor historia de trauma y mayor invisibilidad penitenciaria. Por tanto, existiendo todo esto ¿por qué no se tiene en cuenta y se hace por cambiar? La principal motivación de este artículo es poder dar visibilidad a la situación que sufren las personas mayores en el ámbito penitenciario.
Retomando las enfermedades que sufren las personas mayores dentro de prisión, se observa que tienen mayor tendencia a problemas crónicos como diabetes, cardiopatías, hipertensión, problemas respiratorios etcétera, al contrario que el resto de los reclusos, esto es por la condición de su edad y su situación de vida (Bedard et al., 2016). A su vez, actualmente están surgiendo nuevos desafíos vinculados a el deterioro cognitivo y la demencia. Si en la población general española existen estas problemáticas, ya que afecta entre un 5 % y 8 % de la población anciana (Confederación Española de Alzheimer y otras demencias 2022), es importante hacer hincapié en lo dificultoso que es entonces para una persona anciana y reclusa, doble factor de riesgo. Esto genera mayor tensión y conflicto en los centros penitenciarios por la normativa carcelaria y participación en algunos programas, y por tanto se resalta la relevancia de una unidad especifica de tratamiento para personas mayores. El objetivo de esta sería prevenir el deterioro acelerado y mitigar los efectos negativos de la vida en prisión, fomentando en la manera que fuera posible, una reinserción y reeducación de esas personas de cara a su futuro.
Ante todo, esto, cabe preguntar, ¿qué papel están realizando los/as profesionales con estas personas mayores privadas de libertad? ¿Reciben un trato digno por parte de la sociedad, haciendo que estén encerradas cuando podrían cumplir la pena de otra forma en la que realmente se contribuya a su beneficio y al beneficio comunitario? Pues bien, las respuestas a estas preguntas son complejas, inciertas, subjetivas y personales, pero nosotros, como futuros trabajadores/as sociales, creemos que es importante dar visibilidad a este colectivo tan vulnerable y que carece de visibilidad tanto social como a la hora de realizar estudios. Porque la realidad actual en la que vivimos y que nos incumbe a toda la población muestra a las personas mayores como referentes familiares, ya que la esperanza de vida ha aumentado y, por ende, envejecido la población y no solo es algo que afecte a España.
Referencias Bibliográficas
Aebi, M. F. & Cocco, E. (2025). SPACE I – 2024 – Council of Europe Annual Penal Statistics: Prison populations. Council of Europe.
Bedard, R., Metzger, L., & Williams, Dr. B. (2016). Envejecimiento de la población carcelaria: introducción a los desafíos que plantea la asistencia de salud a reclusos de la tercera edad en centros penitenciarios. International Review of the Red Cross, (903). Recuperado de: https://international-review.icrc.org/es/articulos/envejecimiento-de-la-poblacion-carcelaria-introduccion-los-desafios-que-plantea-la
Confederación Española de Alzheimer y otras demencias (CEAFA). (2022). Censo de personas con Alzheimer y otras demencias en España: 2022-2023
García Ormaza, N. (2017). Mayores en prisión: Análisis de la invisibilidad de un colectivo y de sus dificultades de resocialización. Recuperado de: https://addi.ehu.es/bitstream/handle/10810/29946/Nerea%20Garc%C3%ADa%20Ormaza.pdf?sequence=1
Greene M, Ahalt C, Stijacic-Cenzer I, Metzger L, Williams B. Older adults in jail: high rates and early onset of geriatric conditions. Health Justice. 2018 Feb 17;6(1):3.
Huertas Alonso, L. M. (2014). La vejez en el medio penitenciario. Aproximación al Centro Penitenciario “Salto del Negro-Las Palmas I” [Trabajo de fin de máster, Universidad Internacional de La Rioja]. Repositorio UNIR. Recuperado de: https://reunir.unir.net/bitstream/handle/123456789/3097/LauraMaria_Huertas_Alonso.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Ministerio del Interior-Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. (2025). Informe general 2024. Recuperado de: https://www.interior.gob.es/opencms/pdf/archivos-y documentacion/documentacion-y-publicaciones/publicaciones-descargables/instituciones-penitenciarias/informe-general/Informe-General_2024_12615039X_pdfWEB.pdf
Molina, M. ª C. (2024). La vida en prisión de las personas mayores. La vida en prisión de las personas mayores, en Tratado de mayores. Civitas.
Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). (2009). Manual sobre reclusos con necesidades especiales. Recuperado de: https://www.unodc.org/documents/justice-and-prison-reform/MANUAL_RECLUSOS_CON_NECESIDADES_ESPECIALES_1.pdf
Pastor Seller, E., y Torres Torres, M. (2016). Análisis de las personas mayores privadas de libertad en España: el caso del Centro Penitenciario de Madrid VI. Cuadernos de Trabajo Social, 187-200.
Penal Reform International & Asociación para la Prevención de la Tortura. (2021). Personas mayores en detención: Un marco para el monitoreo preventivo. Recuperado de: https://cdn.penalreform.org/wp-content/uploads/2021/06/PRI_DMT-Older-prisoners_SPANISH_WEB.pdf
Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. (2011). Instrucción 8/2011, de 28 de junio, de Atención integral a las personas mayores en el medio penitenciario. Ministerio del Interior.








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