HACER MATCH CON TU SALUD MENAL: CONEXIÓN, PREVENCIÓN Y COMUNIDAD DESDE EL TRABAJO SOCIAL SANITARIO
Eva Sierra Calvo
María del Valle González Baltasar
Loreto Martínez Pacheco
Carlos Sedeño Martín
David Carnerero Sánchez
Montserrat Mera García
RESUMEN
La Salud Mental está vinculada a las emociones, las relaciones y las condiciones sociales y comunitarias. En la adolescencia y la juventud, la prevención requiere atender tanto los factores individuales como los contextos de vida y las redes de apoyo. Este artículo reflexiona sobre la conexión social como elemento protector y sobre los riesgos asociados a la soledad, el estigma y determinados usos de las tecnologías digitales. Desde esta perspectiva, destaca la aportación del Trabajo Social Sanitario en la valoración integral, la coordinación entre recursos y la creación de redes de cuidado.
Palabras Clave: Salud Mental, Adolescencia, Prevención, Trabajo Social Sanitario, Redes de Apoyo.
Hablar hoy de Salud Mental es hablar de conexión, escucha, vínculos, comunidad y prevención. Bajo el lema «Haz match con tu salud mental», el Día Mundial de la Salud Mental nos invita a reflexionar sobre la importancia de conectar con nuestras emociones, con las personas que nos rodean y con los recursos sociales y comunitarios que pueden contribuir a nuestro bienestar.
La Salud Mental no debe entenderse únicamente como la ausencia de trastornos o problemas psicológicos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1948), constituye un estado de bienestar emocional, psicológico y social que permite a las personas afrontar las dificultades de la vida, desarrollar sus capacidades, aprender, trabajar y contribuir a su comunidad. Por tanto, se trata de una dimensión estrechamente relacionada con las condiciones familiares, educativas, económicas, laborales, sociales y comunitarias en las que se desarrolla cada persona.
En la actualidad, esta cuestión adquiere una especial relevancia debido a un contexto marcado por crisis sucesivas, incertidumbre, desigualdades sociales, presión económica y exigencias crecientes. En este escenario, la adolescencia y la juventud constituyen etapas especialmente sensibles. Son momentos de profundos cambios físicos, emocionales y sociales, en los que se construye la identidad, se adoptan nuevos roles, se busca pertenencia y se establecen nuevas relaciones.
A estas circunstancias se añade la influencia de las redes sociales y de las tecnologías digitales. Las redes pueden favorecer la comunicación, el acceso a la información, la participación y la creación de vínculos. Sin embargo, también pueden convertirse en espacios de comparación permanente, exposición a expectativas inalcanzables, presión social, ciberacoso y aislamiento. La exigencia digital, que parece no dar tregua, puede llevar a muchos jóvenes a sentir que deben aparentar lo que no son o que necesitan mostrar una vida perfecta para ser aceptados.
En este sentido, las redes sociales pueden generar una paradoja: permiten estar permanentemente conectados, pero no siempre favorecen relaciones significativas. La hiperconexión no equivale necesariamente a sentirse acompañado. Una persona puede tener numerosos seguidores o interacciones digitales y, al mismo tiempo, experimentar soledad no deseada, inseguridad o falta de apoyo real.
Las cifras reflejan la importancia de atender a esta realidad. El informe “La adolescencia española analizada desde el Estudio HBSC-2022” (Moreno et al., 2025) señala que el 15,4 % de los adolescentes afirma haberse sentido solo con frecuencia durante el último año, mientras que el 38,5 % manifiesta sufrir malestares psicosomáticos recurrentes. Además, los niveles de satisfacción con las relaciones familiares, escolares y sociales tienden a disminuir a medida que se aproxima la edad adulta.
Otros datos muestran que un 15 % de los adolescentes presenta síntomas graves o moderadamente graves de depresión, asociados, entre otros factores, a un uso intensivo o inadecuado de la tecnología.
Asimismo, siguiendo el análisis de Ramos et al., (2025) el 41 % de los adolescentes en España afirma haber tenido, o cree haber tenido, un problema de salud mental durante el último año. De ellos, más de uno de cada tres no habló con nadie sobre lo que le ocurría y más de la mitad no pidió ayuda. Estos datos evidencian que el estigma continúa siendo una barrera para el reconocimiento del malestar y el acceso a la atención necesaria.
Hacer match como forma de prevención
Hacer «match» con la salud mental significa, en primer lugar, aprender a reconocer y escuchar las propias emociones. Implica identificar señales de malestar, conocer las propias fortalezas y limitaciones, y comprender que pedir ayuda no es una muestra de debilidad, sino un acto de responsabilidad y cuidado.
La prevención debe comenzar antes de que el sufrimiento se agrave. Para ello, es necesario promover espacios de confianza en los que adolescentes y jóvenes puedan expresarse sin miedo a ser juzgados. También es fundamental normalizar la conversación sobre Salud Mental, facilitar el acceso a los recursos de apoyo y fortalecer las capacidades personales y sociales.
Los propios jóvenes identifican algunos factores que contribuyen de manera decisiva a su bienestar. Entre los factores individuales destacan el descanso adecuado, señalado por el 74,9 %; el ejercicio físico, por el 62,3 %; y una alimentación equilibrada, por el 50,6 %. Entre los factores externos, valoran especialmente mantener una buena relación con sus progenitores, contar con el apoyo del entorno cercano y realizar actividades gratificantes.
Por el contrario, la baja autoestima, el consumo de sustancias, los problemas físicos, el bullying, el ciberbullying y las dificultades familiares o económicas aparecen como factores de riesgo relevantes. Estas circunstancias muestran que la Salud Mental no depende exclusivamente de las características individuales, sino también de los apoyos y oportunidades disponibles en el entorno.
La relación con los demás desempeña, por tanto, un papel central. Los niños, niñas y adolescentes valoran con una puntuación aproximada de 8 sobre 10 la felicidad asociada a relacionarse con su familia, sus amistades y sus mascotas. En cambio, otorgan una puntuación inferior, cercana a 5 sobre 10, a la felicidad vinculada a tener muchos seguidores o recibir numerosos «likes» en redes sociales. Estos datos ponen de manifiesto que las relaciones cercanas, presenciales y significativas continúan siendo esenciales para el bienestar.
Hacer «match» no consiste únicamente en conectar digitalmente. Significa sentirse vinculado, aceptado e integrado; pertenecer a un grupo; disponer de alguien a quien acudir cuando se necesita hablar; participar en actividades comunitarias y contar con relaciones capaces de sostenernos en los momentos difíciles.
La mirada del Trabajo Social
Desde el Trabajo Social sabemos que la prevención de los problemas de Salud Mental no puede descansar exclusivamente sobre la capacidad individual para afrontar las dificultades. Es necesario valorar los determinantes sociales de la salud: las condiciones familiares, educativas, económicas, laborales, culturales y comunitarias que influyen en el bienestar de cada persona.
El malestar emocional no aparece en el vacío. Se desarrolla en contextos concretos, que pueden actuar como factores de riesgo o de protección. Por ello, la intervención social debe ampliar la pregunta «¿qué le ocurre a esta persona?» y complementarla con otras cuestiones: «¿qué está ocurriendo en su entorno?», «¿con qué apoyos cuenta?», «¿qué necesita?», «¿qué vínculos pueden fortalecerse?» y «¿qué recursos comunitarios pueden ponerse a su disposición?».
En este marco, hacer «match» constituye una metáfora adecuada para explicar la intervención del Trabajo Social. Para nuestra profesión, conectar significa acompañar, escuchar, identificar capacidades, detectar situaciones de vulnerabilidad y facilitar relaciones entre la persona, su familia, los profesionales, los recursos y la comunidad.
La intervención social no se limita a informar sobre los recursos disponibles o a realizar una derivación. Derivar no siempre significa conectar. Una persona puede disponer de diferentes servicios y, sin embargo, sentirse sola dentro del sistema si debe recorrerlos de manera fragmentada, repetir continuamente su historia o asumir por sí misma la responsabilidad de encontrar una respuesta adecuada.
El Trabajo Social puede contribuir a reducir esa fragmentación favoreciendo la continuidad, la coordinación y la construcción de respuestas compartidas. Hacer «match» significa también que los recursos hagan «match» con las personas: que sean accesibles, comprensibles, adecuados a su edad y adaptados a su realidad y momento vital.
Asimismo, es necesario conectar los recursos profesionales con los recursos naturales de la persona: su familia, sus amistades, sus iguales, el centro educativo, el barrio, los espacios de participación y sus propias capacidades. Desde esta perspectiva, prevenir no consiste únicamente en evitar la aparición de un problema, sino también en crear condiciones sociales que permitan afrontar las dificultades sin hacerlo en soledad.
El Trabajo Social Sanitario en Salud Mental
Como señala Arévalo García-Gasco (2024) en los Equipos de Atención a la Salud Mental, el Trabajo Social Sanitario realiza una valoración integral de la persona y aporta al equipo multidisciplinar información sobre el entorno, la familia y las circunstancias sociales que pueden estar influyendo en el proceso de salud-enfermedad.
Esta mirada permite identificar no solo las dificultades, sino también los factores de protección, las capacidades y los apoyos disponibles. A partir de esta valoración, es posible establecer un plan de actuación coordinado con el diagnóstico y el tratamiento clínicos.
El Trabajo Social Sanitario desempeña un papel fundamental en los procesos de recuperación psicosocial. Su intervención favorece la autonomía, el desarrollo de competencias, la participación social y la mejora de la calidad de vida. También facilita la continuidad asistencial y la conexión entre la atención sanitaria y los diferentes espacios en los que transcurre la vida de niños, niñas, adolescentes y sus familias.
Esta función resulta especialmente relevante durante la infancia y la adolescencia. La Salud Mental no puede abordarse de manera aislada del contexto en el que crecen las personas. Familia, escuela, servicios sociales, recursos comunitarios y sistema sanitario forman parte de una misma red de relaciones y cuidados.
Por ello, una función esencial del Trabajo Social Sanitario en el ámbito de la Salud Mental Infantil y Juvenil es el trabajo en red y la coordinación interinstitucional. El profesional actúa como puente entre el Sistema Sanitario y otros sistemas de protección, favoreciendo la interconexión de recursos y la construcción de respuestas integrales.
Esta labor puede reducir la incertidumbre y el malestar de las personas y sus familias, facilitar el acceso a los recursos y fortalecer las redes de apoyo. Además, no solo genera beneficios para quienes reciben atención, sino que también aporta valor y eficiencia al conjunto del Sistema Sanitario (Arévalo García-Gasco, 2024).
Hacer «match» es conectar a las personas con sus capacidades y recursos; a las familias con los apoyos disponibles; a los profesionales entre sí; al sistema sanitario con la comunidad; y a los recursos institucionales con las necesidades reales de la población.
De la individualidad a la comunidad
Frente a las interpretaciones exclusivamente biologicistas o individualistas, el Trabajo Social aporta una mirada integral, centrada en la persona, la empatía, los cuidados y los determinantes sociales de la Salud.
El apoyo mutuo constituye uno de los pilares de la Salud Mental y un factor de protección fundamental. Las redes de apoyo permiten sostenerse ante las experiencias dolorosas, compartir responsabilidades y encontrar alternativas cuando las dificultades superan los recursos individuales.
Por eso, la prevención debe desarrollarse desde diferentes ámbitos: sanitario, educativo, familiar, comunitario y social. Es preciso crear espacios de participación, promover relaciones saludables, prevenir el acoso, facilitar el acceso a la ayuda profesional y reforzar los vínculos comunitarios.
También resulta necesario recuperar la presencia real y el encuentro con otras personas. Las relaciones digitales pueden complementar los vínculos presenciales, pero no deberían sustituirlos por completo. La pertenencia, la escucha, la confianza y el cuidado necesitan espacios en los que las personas puedan sentirse reconocidas y acompañadas.
En definitiva, hacer «match» con la Salud Mental significa conectar con uno mismo, pero también conectar con los demás. Significa reconocer las propias emociones, pedir ayuda cuando sea necesario, cuidar y dejarse cuidar, construir relaciones significativas y participar en comunidades capaces de proteger y sostener.
Hoy más que nunca, hacer «match» debe significar crear redes sociales reales que generen vínculo, pertenencia y apoyo. Desde esta perspectiva, el Trabajo Social Sanitario ocupa una posición imprescindible: no solo conecta recursos, sino que conecta oportunidades de cuidado, autonomía, participación y bienestar.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Arévalo García-Gasco, M. A. (2024). Pasado, presente y futuro del Trabajo Social Sanitario en España. Servicios Sociales y Política Social, 131, 27-41.
Moreno, C., Rivera, F., Sánchez-Queija, I., et al., (2025). La adolescencia española analizada desde el Estudio HBSC-2022: estilos de vida, contextos de desarrollo y bienestar emocional. Informe divulgativo de los resultados más significativos obtenidos. Ministerio de Sanidad.
Organización Mundial de la Salud. (1948). Constitución de la Organización Mundial de la Salud. Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/es/about/governance/constitution
Ramos, P., Luna, S., Rivera, F., Moreno, C., Leal-López, E., Ciria-Barreiro, E., Majón-Valpuesta, D., Moreno-Maldonado, C., Villafuerte-Díaz, A., Velo-Ramírez, S., y Salado, V. (2025). ¿Qué opinan los niños, niñas y adolescentes? Resultados de la cuarta edición del Barómetro de Opinión de Infancia y Adolescencia, 2023-2024. UNICEF España.
UNICEF España y Universidad de Santiago de Compostela. (2021). Impacto de la tecnología en la adolescencia: relaciones, riesgos y oportunidades. UNICEF España.







Espacio abierto del Colegio Oficial de Trabajo Social de Madrid
